Ni siquiera en los tiempos que corren, con internet plagado de sexo visible de forma más o menos explícita, la desnudez pierde un ápice de su fuerza, provocación o deseo, el cual nos atrae primitiva e instintivamente, tanto como en cualquier época pretérita. Aunque para valorar la percepción e impacto de un desnudo determinado, debemos tener en cuenta el contexto en el que se muestra, el entorno socio-económico y la moralidad de cada época. Muchas son las obras de arte protagonizadas por un cuerpo desnudo aunque, pocas han levantado tanta polvareda en el momento de su presentación como fue el caso de Olimpia, de Edouard Manet (1832-1883) pero, ¿cuál fue el motivo?

El Impresionismo que llegaría en la década de 1870 (la obra analizada no responde formalmente a esta corriente) fue producto de una conservadora sociedad y de unos revolucionarios enfrentados (pictóricamente) al “establishment” de la época que representaba la encorsetada Academia de Bellas Artes, sin olvidar la ambigua convivencia que suponía el avance técnico de la fotografía.

El rechazo de esta institución a una serie de obras que no encajaban en su concepción artística fue el germen del “Salón de los Rechazados” de 1863 en París, patrocinado desde el Estado francés pero contrario a la Academia. Manet, joven proveniente de una familia adinerada, presentó El almuerzo sobre la hierba, levantando murmullo alrededor de su obra. Dos años después expuso Olimpia (la cual iba a ser inicialmente mostrada en el Salón de 1863) junto con otra pieza discutida: Jesús escarnecido por tres soldados (1864), de temática religiosa, poco practicada en este pintor. Estas dos obras que presentó al Salón de 1865: un desnudo propio del academicismo e inspirado en la imagen mitológica de Venus; y una obra sobre Cristo que conjuga elementos de la tradición pictórica anterior, no dejaron indiferente a nadie. Provocaron el desprecio de los conservadores y el aplauso de los más jóvenes.

Fue Victorine Meurent (1844-1927), pintora y modelo, quien posó para ser Olimpia en este retrato de una prostituta de gran caché en un espacio caracterizado por el contraste entre la blancura de las sábanas y el oscurecido fondo. Una criada negra entrega a la protagonista un ramo de flores de algún cliente (típica ofrenda de respeto a las meretrices destacadas) o… ¿somos nosotros ese cliente? Su firme mirada sale fuera de la obra y se fija en el espectador como también lo hace el pequeño gato negro que tiene a sus pies, del cual se hablará más adelante. De pose tranquila, ciertos detalles revelan su actitud: su mano tapa sus partes nobles y una cinta de tela de la que cuelga una pequeña joya alrededor de su cuello indican que no desea tener relaciones sexuales (era un “je-ne-baise-plus” o “yo no jodo más”).

“Olimpia choca, despierta un horror sagrado, se impone y triunfa. Olimpia es escándalo, ídolo; potencia y presencia pública de un miserable arcano de la sociedad. Su cabeza está vacía: un hilo de terciopelo negro la separa de lo esencial de su ser. La pureza de un trazo perfecto esconde a la Impura por excelencia, aquella cuya función exige la ignorancia sosegada y cándida de todo pudor. Vestal bestial consagrado al desnudo absoluto, lleva a soñar todo lo que esconde y conserva de barbarie primitiva y de animalidad”.

Paul Valery (1871-1945). Escritor y filósofo francés.

Como ya se dijo con anterioridad, ha de comprenderse que esta obra no es impresionista por sus trazos ni estilo pues, no posee los rasgos pictóricos que asociamos por otros pintores de la primera etapa de esta corriente como por ejemplo Monet (el más representativo) o, en algunas obras de su última época del propio Manet, quien fue bisagra entre clasicismo y contemporaneidad.

“Ellos [Manet y sus seguidores] descubrieron que, si contemplamos la naturaleza al aire libre, no vemos objetos particulares, cada uno con su propio color, sino más bien una mezcla de tonos que se combinan en nuestros ojos”.

E.H. Gombrich (1909-2001). Historiador del arte.

Zola y Baudelaire defendieron a Manet de las críticas que provenían desde el sector más tradicional pero, él no era un revolucionario, sino un enlace entre lo clásico y la vanguardia que estaba a punto de consolidarse. Aún elevado como maestro por las generaciones más jóvenes que él y clasificado históricamente dentro del Impresionismo, fue un artista que desarrolló un arte personal perfectamente entroncado con la tradición pictórica europea y su admiración por los grandes maestros anteriores (sobre todo, Velázquez). Durante buena parte de su vida, su pintura está más cercana al Realismo aunque, la importancia de su figura se ha magnificado al ser valorado como un pintor de referencia por sus contemporáneos, tanto escritores como artistas.

El pequeño gato nos sirve para introducir una de las influencias de Manet: Tiziano y su Venus de Urbino (1538), obra que conoció durante su estancia en Florencia. Dejando a un lado la temática, centrémonos en las similitudes de ambas obras, tanto en la recreación del desnudo, las cortesanas o una mascota, en este caso, un perro. Donde Tiziano representa fidelidad a través del perro, Manet expresa lo opuesto desde la independencia y autonomía que asociamos vulgarmente a los felinos. Pero hay otros referentes para el pintor francés como fueron la Venus durmiendo (1510) de Giorgione; La maja desnuda de Goya (1800 aprox.); y por otro, La gran odalisca de Ingres (1814). Con las obras que han sido mencionadas tenemos un buen pedazo del “desnudo” en la Historia del Arte. La mejor manera de expresar la evolución de la pintura entre estos artistas se realiza mediante la admiración de sus obras:

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Tiziano.

Venus de Urbino, 1538.

 

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Francisco de Goya.

La maja desnuda, 1800.

 

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Jean Auguste Dominique Ingres.

La gran odalisca, 1814.

 

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Olimpia, 1863.

Óleo sobre lienzo.

130,5 cm x 190 cm.

Museo de Orsay, París, Francia.

 

En el siguiente enlace pueden apreciar la obra Jesús insultado por los soldados (1865): http://www.artic.edu/aic/collections/artwork/16499

Ricardo Ortega Olmedo.

Historiador del Arte.

Más información:

ARMIRAGLIO, Federica. Manet. Unidad Editorial, 2004.

BALLESTEROS, Ernesto. Realismo e Impresionismo. Hiares, Madrid, 1979.

http://www.musee-orsay.fr/es/colecciones/resena-manet/cronologia.html

http://www.artehistoria.com/v2/obras/1530.htm

http://www.artehistoria.com/v2/contextos/5142.htm

http://suite101.net/article/el-erotismo-frente-al-idealismo-a1471#.VYGinfntmko

https://digitum.um.es/xmlui/bitstream/10201/43396/1/manet.pdf
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Acento cultural, número 10, junio 2015, ISSN: 2386-7213

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