Resumen:

El político y pintor Francisco Carretero (1879-1962) es el protagonista de este estudio que plantea un estado de la cuestión acerca de su pintura, sin olvidar el peso que esta figura ha tenido para la ciudad de Tomelloso desde sus labores políticas, arrojando luz y contrastando opiniones sobre su relación con uno de los pintores más influyentes del siglo XX español, Benjamín Palencia. En este análisis se explicará la vida y obra de un artista cuya repercusión ha quedado retenida en Tomelloso pero, cuyo trabajo es digno de ser puesto en valor para su reubicación en la Historia del Arte Español.

Abstract:

The politician and painter Francisco Carretero (1879-1962), is the focus of this research, laying out the status of the issue about his painting, without forgetting, nevertheless, the weight this figure has supposed for Tomelloso as a city regarding his political work, contrasting and shedding light on different opinions while on the relationship with one of the most influent Spanish painter from the 20th century, Benjamín Palencia. During this analysis, it will be explained the life and art work of an artist whose repercussion has been retained in Tomelloso, but whose artwork is worth being valued and implemented in Spanish Art History.

“…cielos bellísimos pintados con brillantes colores puros: azules netos, pardos y verdes para la tierra del campo, verdes inventados, amarillos, rojos, violeta, anaranjados sangrantes, blancos, grises y negros…colores de varia familia y entonación. Cielos, todos, con nubes arreboladas o arremolinadas o con nublos parados, irrisados por el sol cenital o crepuscular. Cielos absolutamente suyos. Cielos de su puño y cuño, de su mano, pincel y espátula”[1].

El hombre y el político.

Tomelloso, tras unos titubeantes inicios tras su independencia en el siglo XVIII, evoluciona a la par cultural y económicamente desde finales del siglo XIX y comienzos del XX a raíz de la industria alcoholera, apoyada sobre el trabajo de la vid[2]. La figura de Francisco Carretero Cepeda alcanzó durante sus años de vida (1879-1962) una importancia máxima dentro de Tomelloso por su vinculación con el sector vinícola y sus actuaciones políticas como alcalde (función por la que nunca cobró)[3].

De familia modesta con ocho hijos, siendo Francisco el mayor[4], estuvo vinculado directamente al campo, yendo apenas a la escuela[5]. Su esposa, de familia más agraciada, ayudó al desarrollo de un intelecto con unos valores de justicia, trabajo y honradez, que desarrollaron un patrimonio familiar de gran calado[6]. Fue viticultor, comerciante de vinos y varias veces alcalde de la localidad[7].

Francisco Carretero fue, en toda su dimensión humana, un hombre trabajador, decente, creyente y fiel amante de Tomelloso. Recto, de ideas conservadoras, con firme carácter pero con un gran corazón[8] que, pasada la Guerra Civil, disfrutó de periodos en la capital de España, haciéndose hueco en el Madrid intelectual, y siendo partícipe en sus tertulias.

Siendo concejal, encontramos el aprecio a Don Francisco pues, él era Presidente de la Banda Municipal de Tomelloso cuando comenzó su andadura en el año 1916: “Hombres como el Sr. Carretero, son los que hacen falta a Tomelloso, para que con su altruismo, cooperen al engrandecimiento de la Patria chica”[9].

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Fue alcalde entre en cinco ocasiones, durante los años 1918 y 1931, de forma interrumpida[10], dejando como huella una parte de la planificación urbanística de Tomelloso[11] (los paseos de circulación y los primeros árboles)[12]; al fin y al cabo, “proporcionó a Tomelloso las primeras zonas verdes”[13]. Algunas de sus destacadas actuaciones como primer edil fue con el caso del abastecimiento de harinas, lo que había provocado el encarecimiento de un bien de primera necesidad como era el pan[14]; o en relación al incremento en los impuestos del sector vinícola (principal sustento de la localidad), formándose una Comisión ciudadana que entregó al Ministro un texto firmado por 2.200 agricultores que pedían la desgravación y solicitaban que:

“…sea designado alcalde de Tomelloso D. Francisco Carretero y Cepeda, por considerar que este señor ofrece las máximas garantías de paz y de orden, tan necesarias para el desenvolvimiento de la vida económica”[15].

Cuando su vinculación política desaparece, pudo dedicarse plenamente a la pintura, a sus negocios y a la familia y amigos. Aunque algo que sucede durante este conflicto vuelve a ilustrar claramente el aprecio que la gente le tenía. Según nos cuentan, por su pasado político e ideología conservadora, fue arrestado al comenzar el conflicto y llevado a Ciudad Real. Estuvo preso durante tres meses y, por su buena historia y el cariño de sus ciudadanos, fue liberado por aquellos que eran de ideas contrarías a las suyas. Una demostración clara de la buena imagen que se tenía de él[16].

 

El pintor.

Autodidacta como pintor “de la Mancha montesina y celeste”[17], Francisco fue “el primero en Tomelloso que manchó de pintura un lienzo”[18], cuyo reconocido desarrollo con el estilo que le caracteriza llegará en su vejez. En los años veinte y treinta (s. XX) tuvo una etapa basada en el aprendizaje del acto de pintar (paisajes, escenas religiosas o bodegones), con carga de realismo, “aún llenos de ingenuidad pero ya anunciando su próxima libertad de ejecución y la particularísima y potente concepción del color”[19]. Pictóricamente, Prodan[20] sitúa sus inicios en el arte a raíz de los viajes que hace a Ciudad Real debido a sus quehaceres políticos. En la siguiente década, su pintura se reafirmó expresionista[21]. Lo cierto es que, cuando dio rienda suelta a su creatividad era:

“Paisaje en estado puro, interpretado de manera personalísima, a través de un concepto del color libre, arriesgado y original. Sus paisajes de los cincuenta son de gran modernidad. Incorporan los hallazgos plásticos de impresionistas, fauvistas, y gran parte del primer expresionismo. Sin embargo, esta incorporación es intuitiva”[22].

“Fue en su vejez cuando alcanzó no sólo la fama, si no la perfección en su interpretación de los paisajes manchegos”[23] pues, cuando llegan edades en las que uno no encuentra utilidad y motivación, “Carretero resucitó de la muerte de la inautenticidad”[24] pues, la vejez era “falta de entusiasmo”[25]. Al final de su vida se produce una evolución en su pintura desde ese realismo que mencionábamos hacia un uso de colores más fuertes y mayor carga matérica por el uso de la espátula, lo que le permitía una agilidad y una cercanía hacia una plástica expresionista. Pedrero le sitúa dentro del grupo de postimpresionismo tardío “por la fuerza del color”[26]. Lo cierto es que él mismo se declaraba cercano a ellos[27].

“Técnica impresionista”[28], comentaba García Pavón en 1952 al referirse a su técnica rápida. “Tuvo algo de Henry Rousseau [autodidacta y sensibilidad ante la naturaleza] y de Van Gogh [el color]”[29], se ha dicho también. La influencia impresionista también es mencionada por Julio Olmedo Álvarez “en el gusto por los temas rurales, en las pinceladas de abundante pintura”, destacando otros nombres como Millet, Sorolla, Rusiñol, Camarasa, Marceliano Santamaría[30] o Muñoz Degrain[31]. Evidentemente, su círculo de gente (sobre todo el madrileño) le debió influir, y más si estos eran personalidades de la cultura a nivel nacional como los anteriormente mencionados:

[En su casa de “Pernambuco”] “pasaban grandes temporadas pintores como Benjamín Palencia [sobre el que volveremos a hablar más delante], Menchu Gal, Francisco Delgado, o críticos como Ramón de Faraldo. A Gregorio Prieto, siendo muy joven, le impresionó la pintura de D. Francisco, y repitió sus visitas con críticos de arte como José Camón Aznar, Enrique Lafuente Ferrari o Joaquín de la Puente”[32], y otras personalidades como Francisco García Pavón o Leopoldo Panero[33].

El caso de Francisco Carretero es realmente sorprendente por cómo se rodeó y cuáles fueron sus inquietudes, precisamente, eso es lo que le proporcionará un estrecho contacto con la cultura[34]. A pesar de su rechazo a vender obra, fue destacado en el número de exposiciones[35]. Individualmente: en el año 1949, en la Galería Macarrón, en Madrid; en el año 1953, en los Sótanos de la Gran Vía; tres años después (1955), en la Sala Minerva del Círculo de Bellas Artes de Madrid; en 1958, en la Sala Goya del mismo Círculo[36]; y en 1960, en el Casino de Ciudad Real, con motivo de su nombramiento como miembro del Instituto de Estudios Manchegos[37]. Y tras su muerte ha habido muestras de su pintura en: 1963, exposición-homenaje en la Galería Quixote[38], de Madrid (tal llegó la admiración madrileña por su obra que se vendieron algunas de sus mejores obras[39]); en 1979 en el Casino de Ciudad Real, con motivo del centenario de su nacimiento; en 1991, exposición retrospectiva en Tomelloso; y ha de mencionarse dos más: una exposición en el año 1999 en Tomelloso, y otra más en el año 2012, por el cincuenta aniversario de su fallecimiento. Las exposiciones colectivas en las que ha participado fueron estas[40]: Exposición de Pintura celebrada en Tomelloso en el año 1924; en las tres Bienales Hispanoamericanas (1951; 1954, La Habana; y 1955); en 1954, en la exposición manchega de arte en Valdepeñas; en 1957 en dos, una en Valdepeñas (fue galardonado con el Premio de Pintura y accésit al Molino de Oro en la Exposición Regional[41]) y otra en el Museo de Arte Moderno de Madrid Artistas manchegos de hoy; y La Cultura en Castilla-La Mancha y sus raíces, 1984, en el Palacio de Velázquez de Madrid[42]; aunque se ha de mencionar que ha expuesto en muchas otras fuera del país (Chile, Manila, Argentina, Lisboa o París) debido a su buena relación con el Instituto de Cultura Hispánica[43]. Se debe destacar su intervención en las Bienales, cuyo secretario era su amigo Leopoldo Panero, lo que no ha de restar un ápice a su merecimiento pues, como se verá a continuación, fue premiado en una de ellas. Estas Bienales eran: “una trascendente iniciativa diplomático-cultural timoneada por el astorgano, que, con su fallecimiento, prácticamente recibió un entierro paralelo”[44], quien por cierto, falleció también en el 1962. En la I Bienal (Madrid, 1951), presentó un solo trabajo: Paisaje[45]. En la II Bienal (La Habana, 1954) presentó tres obras: Rutas del Quijote: Ruidera, La Mancha, casa del pino, y Camino de Villarrubia (La Mancha)[46]. Y en la III Bienal (Barcelona, 1955-56) se llevaron dos obras suyas: Puesta de sol en La Mancha y Paisaje[47], donde fue premiada una de sus obras[48] con el Premio Montevideo[49]. Acerca de este acontecimiento se recoge la buena crítica que tuvo en Barcelona su obra y la cuantía económica del premio, 250 dólares[50]. Un galardón de un certamen “abierto a todas las tendencias y libre de prejuicios artísticos anquilosados y caducos”[51].

Pero, sin duda uno de los trabajos que más sorprende de Don Francisco (y el menos conocido) es el llevado a cabo en su casa, ubicada en la calle que lleva su nombre. Una intervención artística en su espacio doméstico, gobernada por la admiración hacia la Naturaleza de la cual sólo se conserva una sala pintada en los años treinta (en el año 1992 [Fe de erratas: según la consulta del Informe de la Diputación Provincial de Ciudad Real, en el año 1996, la casa fue ofrecida para su venta a este organismo, aprobándose la adquisición del inmueble a finales de este año -documento adjunto al final del artículo-] la Diputación de Ciudad Real adquirió esta casa y sufrió varias modificaciones, además de la desaparición de pinturas murales –dos en el patio y un pasillo pintado al completo-, motivo aún por descubrir), donde destaca una representación de las Lagunas de Ruidera y en cuyas cuatro esquinas están las herramientas de las Bellas Artes (observándose también representaciones de animales, bodegones, incluso un autorretrato). Cabe destacar que la sala requiere una urgente intervención, debido a un grave problema de humedad como puede apreciarse en las fotografías; sin olvidar que una de los caminos recomendados para continuar el estudio de esta figura y este espacio en particular, sería la revisión de la intervención que la Diputación hizo a esta casa. Tal vez ahí podamos saber el estado en que se encontraban las pinturas que faltan y podamos comprender cómo fue el proceso de rehabilitación que se llevó a cabo.

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La sala, Francisco Carretero. Casa de Francisco Carretero. C/ Pintor Francisco Carretero, número 8. Tomelloso, Ciudad Real.

Fecha: 8/03/2016. Fotógrafo: Benito Morales, Javier.

También estaba decorado el pasillo (desde el zócalo al techo, con guirnaldas y paisajes, donde una vez más el pintor, nos muestra su admiración hacia la naturaleza); y el patio, presidido por una fuente en el centro que diseñó y mandó construir (forma octogonal con las cuatro artes en sus caras), la cual está actualmente descontextualizada al cambiar su ubicación. Gracias a la documentación fotográfica facilitada por la familia, podemos saber que se encontraban dos frescos, uno representaba las Lagunas de Ruidera y otro una vista de Tomelloso desde Mirasol, ubicados en dos paredes y cubiertos por un pequeño tejado.

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Patio de la casa, año 1956.

Colección familiar.

No hay duda del carácter etnográfico en la obra de Carretero, donde aparecen integrados  elementos característicos del paisaje manchego y la forma de vida campesina. Formalmente, su arte creció desde sus primeros paisajes con líneas más definidas y aspecto realista Charca de San Juan, 1924, época también más figurativa (su esposa Móngela, 1926), aunque “la figura no era su fuerte”[52] pues él era hombre de “lejanías”[53], o religiosos como la copia del Cristo muerto en los brazos del ángel, de 1926, de Alonso Cano. La naturaleza del mundo rural siempre está presente[54], siguiendo la afirmación de Eladio Cabañero de la que éste se hace eco en su texto de: “Para él, pintura y agricultura venían a ser lo mismo en su vida”[55]. Su maestro fue la Naturaleza (la que rodeaba Tomelloso), sus referentes fueron todos aquellos artistas que fueron sinceros, y su aprendizaje se llevó a cabo pintando, viendo pintar, leyendo y hablando sobre arte[56]. Y, “como en Carretero, o en López Torres, o en Palencia, o en Ortega Muñoz hay una extraña coincidencia de miradas agrícolas y de miradas pictóricas”[57].

Su segunda etapa desde mediados de los treinta hasta su fallecimiento. El pintor se ha descubierto a sí mismo, surgiendo aquí las inevitables comparaciones con el pintor Benjamín Palencia.

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Charca de San Juan, 1924.

Colección familiar.

BOLÓS, M.V. y GIMÉNEZ M.L., Francisco Carretero (Tomelloso 1879-1962). Exposición antológica, (Tomelloso, Posada de los Portales, 18 de mayo – 30 de junio del 1991), Tomelloso: Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento, 1991, pág. 24.

Destacamos obras como Sin título, 1949, basada en El Ángelus de Millet, por el uso de marcados contrastes en sus cielos (seña propia de identidad), presentándonos una escena característica del paisaje manchego, donde aparecen dos trabajadores en un descanso de sus quehaceres cotidianos; o Lagunas de Ruidera, 1950, cuyos cielos alborotados y de gruesos trazos, nos recuerdan a la obra Campo de trigo con cipreses, 1889, de Van Gogh.

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(sin título), 1949.

Excmo. Ayuntamiento de Tomelloso. Ciudad Real.

Fecha: 7/03/2016.

Fotógrafo: Benito Morales, Javier.

En estas obras se observa la evolución de Carretero. Agilidad y soltura en el uso de la pintura, mayor uso de la mancha y ausencia de veladuras. Todo ello conforma expresividad y luz, que contrasta con el declive de la persona por el inevitable paso del tiempo pero que, manifiesta simbólicamente su manera de agarrarse a la vida a través de su pintura.

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Lagunas de Ruidera,  años 50.

Colección familiar.

BOLÓS, M.V. y GIMÉNEZ M.L., Francisco Carretero (Tomelloso 1879-1962). Exposición antológica, (Tomelloso, Posada de los Portales, 18 de mayo – 30 de junio del 1991), Tomelloso: Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento, 1991, pág. 38.

Francisco y Benjamín.

Carretero y Palencia protagonizan un capítulo misterioso del arte español del siglo XX. Dos amigos pertenecientes a dos generaciones sucesivas (Francisco era 15 años mayor), con vidas que han caminado por rumbos muy diferentes (uno, autodidacta, bodeguero y político local; otro, artista e intelectual con pequeñas estancias en París con intenso contacto con las vanguardias, fundador de la Escuela de Vallecas, viajero, etcétera) pero que, en un momento determinado, comparten un mismo estilo. La pregunta es clara: ¿quién influyó en quién?

Visto quién es Don Francisco, es momento de conocer a Don Benjamín. Palencia estuvo inmerso en un viaje experiencial por las vanguardias del siglo XX, conociendo a sus figuras (artistas y literatos) tanto en España como en Europa, lo que le permitió un proceso de aprendizaje privilegiado gracias a la influencia de Juan Ramón Jiménez, la Residencia de Estudiantes (Dalí, García Lorca, Alberti y Buñuel), Pancho Cossío, Alberto Sánchez (cofundadores de la Escuela de Vallecas), José María Ucelay, o Miró[58]; sin olvidar el peso de Maestros como Giotto, Massaccio o Piero della Francesca[59], El Greco, Velázquez y Goya[60]. También le marcan poderosamente Giorgione con su obra “La tempestad”, Paul Cezanne al que considera “maestro de toda la pintura moderna”[61], y el Impresionismo y su admiración por la naturaleza.

En su juventud, Palencia tuvo una base realista que fue derivando hacia semejanzas con el impresionismo (segunda y tercera década del siglo XX), alternando paisajes urbanos y rurales, retratos y bodegones, con obras aún poseedoras de un marcado sedimento realista. Su contacto con París (1925-1928) será fundamental en el giro de su pintura, debido a la permeabilidad con la abstracción, el cubismo y el primitivismo[62], desarrollando paisajes con un tímido inicio en la abstracción.

La Guerra Civil marcó mucho su carácter. Con la posguerra, llega la estrecha relación de Palencia con el paisaje. Hay tristeza y nostalgia; se respira el silencio tras el dolor y las heridas aún por cicatrizar del conflicto. Hasta 1946, sus paisajes poseen aún una fuerza contenida, posiblemente porque la alegría “vendrá después”[63]. Faltan dos fuentes de inspiración más: el fauvismo y el expresionismo: “relación con los paisajes de Vlamink y con el expresionismo alemán de El Jinete Azul (Der Blaue Reiter), cuyo colorido es más vivo y flameante que el de la pintura francesa”[64].

El primer encuentro entre Palencia y Carretero data de 1924, por una visita que Palencia hace a unos parientes a Tomelloso[65]. Aunque sabemos de otro encuentro de los dos pintores junto con Antonio López Torres en los años treinta, donde se afirma la semejanza de Carretero y Palencia por el “expresionismo de su factura pictórica y al entusiasmo que canta su color”[66], destacando su experiencia intelectual y su rica y variada carrera artística. En otro episodio entre ambos pintores, Palencia, quien estaba pintando cerca de Tomelloso en el año 1944, es acusado por la Guardia Civil y “se le aplica prisión cautelar”[67] aunque todo queda en una anécdota una vez llega Francisco a Tomelloso. Varias serían las visitas que el de Barrax haría al de Tomelloso, algunas, incluso, con algunos miembros de su grupo de Madrid[68][69].

Esta duda generalizada tiene partidarios de uno u otro lado, destacando que la hipotética influencia, sea del lado que sea, únicamente aparece en fuentes que tratan sobre Francisco Carretero. Algunas de las mismas, incluso cortan de raíz el posible estudio sobre esta incógnita que, por otra parte, debemos decir que es lícita, necesaria y constituye los cimientos de la Historia del Arte:

“No es inteligente cuestión ponerse a dilucidar quién fue primero, si el huevo o la gallina. […] A los que en tal se empeñen es de aconsejar un buen lavado de ojos, cara y cerebro. La confusión entre ambos artistas es inadmisible”[70].

Hay quienes sí aceptan la posible similitud estilística, como Merlo Delgado: “pero esta hipótesis más beneficia que daña a nuestro pintor”[71]. Lo mismo opina Margarita Peñalosa al decir que las obras de Carretero “hacen recordar el estilo y las formas de Benjamín Palencia, con el que coincidió ante los anchos campos de la Mancha”[72]. Llama la atención de la entrevista de 1960, tanto la mención a la fecha de su primer encuentro con Palencia (1924, en Tomelloso), sino que hable de él como el hombre que descubrió (“y le confirmó en”) su arte. También aparece referencia de la revista Índice, la cual ha escrito sobre ambos y afirmaba que “los paisajes de ambos se parecen de un modo asombroso”[73], sin descubrir quién influye en quién. Arbós Balleste escribió también sobre esta importante visita del año 1924[74].

Por un lado están las fuentes que proclaman la influencia del pintor tomellosero sobre Palencia. La primera referencia de este tipo es de San Martín. Subraya que la obra de Francisco ha gustado mucho en Cataluña (III Bienal) y, citando al catedrático y crítico de arte, Alberto del Castillo, en su escrito en el Diario de Barcelona, comenta que: “su forma de pintar tenga algún contacto con la de Benjamín Palencia en ciertos aspectos, pero en todo caso es Palencia el influido por Francisco Carretero”[75].

Antonio López García, quien considera a su tío López Torres y a Francisco Carretero “los dos pintores auténticos de la Mancha”[76], también da su opinión al respecto, destacando que se habla erróneamente de la figura de Francisco pues “siempre que se habla de Carretero, sale a relucir Benjamín Palencia, pero yo al hablar de los dos, siempre pondría a Carretero”[77]. Hasta Francisco Umbral da testimonio (tanto en el prólogo del libro como en su columna de El País[78]) de esta opinión a través de una experiencia personal:

“–Este señor imita a Benjamín Palencia. –Y vino nada menos que Antoñito López García a rectificarme –Fue Palencia quien le encontró gran pintor y se quedó, de él, con lo que quiso, con lo que pudo. Le sobra sensibilidad a Palencia para descubrir a un pintor así”[79].

Por otro lado, están los defensores de que fue Palencia el que influye en Carretero. Prodan opina que es Palencia quien sirve de referente para Carretero, “manifestándose en su obra, entre 1947 y 1956, una clara influencia del pintor de Barrax y de la Escuela de Madrid”[80]. El pintor Antequera Azpiri, aunque elogia a Carretero por su singularidad y la fuerza con la que ha surgido manifiesta que Palencia tenía mayor “premeditación” y una “formación escolástica de pautas admitidas” al contrario que Carretero[81]. Se percibe perplejidad cuando se echa un vistazo a las fuentes que no mencionan la relación entre ambos, siendo todas ellas las que tienen a Palencia como protagonista. He aquí algunos ejemplos consultados para el artículo: “Confidencias”[82]; “Mi concepto y experiencia de la pintura”[83]; “Palabras sobre Benjamín Palencia”[84]; Vida y obra de Benjamín Palencia (autor de Alcázar de San Juan)[85]; “Benjamín Palencia. Su entorno y su época”[86]; El sentido de la mirada…[87]; Benjamín Palencia y la pintura de su tiempo en Albacete (1909-1978)[88]; entre otros catálogos de exposiciones y artículos.

En nuestro análisis de ambos pintores a través de sus paisajes, no podemos olvidar los diferentes caminos por los que han transitado sus vidas pues, esto les ha influido en la estética que han manifestado. Si Carretero pasa del realismo y el aprecio por los detalles a una pintura más ágil y llena de color; Palencia expresa múltiples cambios manifestados en sus paisajes la secuencia siguiente: realismo, cercanía al impresionismo; abstracción en el paisaje; primitivismo; realismo social; y redescubrimiento del paisaje a través de una cercanía al expresionismo. Lamentablemente, para hablar con exactitud de la influencia de uno u otro, aún se ha de continuar la investigación mediante el análisis de la colección familiar de Francisco Carretero y de otras fuentes destacadas. Cierto es que hay similitudes en el potente uso del color en los cielos y semejanza en la representación formal de los campesinos.

 

Conclusiones

Francisco Carretero, fue el resultado del pensamiento individual y su interrelación con todo aquello que le rodeó. Sus ansias de aprender, la sensibilidad personal, la admiración por los campos de La Mancha y su círculo de amigos e intelectuales, fueron los ingredientes de un hombre autodidacta que comenzó pintando realismo hasta convertirse en un pintor con un personal expresionismo basado en el placer del uso del color y una singular interpretación de los paisajes, cuya obra es expresión desatada de juventud, experimentación y pasión que, por desgracia, no ocupa el lugar que ha merecido (no somos los únicos que lo decimos)[89].

“Autenticidad”[90][91], de eso no hay duda. Y franqueza. Debe ser muy difícil hacer tantas cosas por el bien de tu pueblo (su valor como político fue enorme, y tuvo su influjo hasta en la literatura, como cuenta García Pavón[92]) y que, encima, al llegar a la vejez, te hagas un pintor tan lleno de vida[93], “que no vende sus cuadros”[94]; muestra de que la relación que tenía con el entorno era particular.

Debemos destacar los muchos errores que vemos en la bibliografía acerca de Francisco Carretero, lo que nos ha animado aún más a llevar adelante tal estudio, aunque aún queda mucho por hacer, como la revisión de la tesis El paisaje en la pintura de Benjamín Palencia, de Aurora Moreno Jareño, cuyo análisis no se ha podido hacer por falta de medios; la necesaria revisión de los informes de la intervención que se llevó a cabo en la casa de Don Francisco Carretero; o el mencionado estudio de la obra completa de Carretero en las diferentes colecciones privadas (familiares y amigos).

Carretero y Palencia fueron amigos, compartieron tiempo y pintura, exprimieron La Mancha en compañía, y supieron llevar el paisaje a la vanguardia. Cada uno a su modo, con su pasado y sus objetivos, pues fueron distintos. Tal vez ahí reside la gran diferencia de ambos, la cual ha sido clave en la caída al olvido de Francisco Carretero, quien sintiéndose pintor, nunca vivió de ello, al contrario que Benjamín Palencia.

Triste devenir ha tenido la figura de Don Francisco, con lo mucho que dio al mundo. De ser alcalde cinco veces y un pintor apasionado, hasta premiado y reconocido en la vejez, a ser recuerdo por una calle que alberga lo poco que dejaron de su casa. Una sala homónima en el Ayuntamiento de Tomelloso decora con sus obras el espacio en el que se dan las ruedas de prensa -lugar inadecuado para su conservación por las variaciones de temperatura- y, visitable de Carretero, hay dos obras en la Iglesia de la Asunción; su fuente, descontextualizada en un punto de la calle del Campo, y siguiendo esa dirección, su Panteón en el cementerio municipal. Nada más. Cuánto nos habría gustado poder ver el patio de su casa al completo, así como la entrada a la misma y recuperar aquel cartel de Feria en la que Don Francisco pintó la historia de Jaime el Barbudo, “un bandido que atemorizó la comarca allá por el novecientos”[95]. Su obra y su legado se ha ido erosionando con el paso del tiempo hasta ser el pintor que estuvo, influyó, fue influido, compartió conversaciones o vaya usted a saber qué, del bueno de Benjamín Palencia. Y eso que tres exposiciones suyas han sido realizadas en los últimos veinticinco años, las cuáles son señal de su valor como pintor pero, su escasa repercusión y huella de las mismas, sumado a la ausencia de estudios acerca de su figura, explican el lugar en la historiografía que posee actualmente. Por ello, con este pequeño estudio hemos tratado de darle a Don Francisco la autonomía y singularidad que se merece, a la espera de que la caprichosa y no siempre objetiva Historia del Arte fije su mirada en un hombre como él. “Carretero seguirá vivo en la memoria de las gentes”[96] pues, para que esto se cumpla, algo más que este humilde trabajo se ha de hacer…

NOTA: Texto actualizado el 15 de septiembre de 2016 para la modificación de la fecha de adquisición del inmueble “Casa de Francisco Carretero” por parte de la Diputación Provincial de Ciudad Real como puede comprobarse en el siguiente documento:

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María Martínez Jareño.

Ricardo Ortega Olmedo.

Fotografías: Javier Benito Morales.

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[1] CABAÑERO, Eladio, “El pintor Francisco Carretero en la Posada de los Portales”, Francisco Carretero (Tomelloso 1879-1962). Exposición antológica, (Tomelloso, Posada de los Portales, del 18 de mayo al 30 de junio del 1991), Tomelloso: Posada de los Portales, Tomelloso, 1991, pág. 12.

[2] OLMEDO ÁLVAREZ, Julio, “Francisco Carretero. La primera mirada”, Tomelloso, ciudad de pintores, Ciudad Real: Editorial Posada de los Portales, 1999.

[3] CRUZ, Carmina de la. Entrevista personal, 27 de marzo de 2016.

[4] BOLÓS, M.V. y GIMÉNEZ M.L., “Francisco Carretero Cepeda (Tomelloso 1879-1962)”, Francisco Carretero (Tomelloso 1879-1962). Exposición antológica, (Tomelloso, Posada de los Portales, del 18 de mayo al 30 de junio del 1991), Tomelloso: Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Tomelloso, 1991.

[5] Prodan, Gianna, Diccionario de arte del siglo XX en la provincia de Ciudad Real. Artistas. Entorno. Escuelas y tendencias, Ciudad Real: Biblioteca de Autores Manchegos, 1997.

[6] CRUZ, Francisca de la. Entrevista personal, 25 de febrero del 2016.

[7] OLMEDO ÁLVAREZ, Julio, Op cit.

[8] CRUZ, Francisca de la. Entrevista personal, 25 de febrero del 2016.

[9] CAMPOS, Pedro, “Notable agrupación de arte”, en Vida manchega, año VI, número 190, 10 de septiembre de 1917, p. 5.

[10] PEDRERO MUÑOZ, Enrique, Estilos y tendencias de las artes plásticas en la provincia de Ciudad Real (1900-2005) y academias, certámenes y museos, Ciudad Real: Diputación de Ciudad Real, 2010.

[11] Prodan, Gianna. Op cit, 1997.

[12] CABAÑERO, Eladio, “El pintor Francisco Carretero en la Posada de los Portales”, Francisco Carretero (Tomelloso 1879-1962). Exposición antológica, (Tomelloso, Posada de los Portales, del 18 de mayo al 30 de junio del 1991), Tomelloso: Posada de los Portales, Tomelloso, 1991.

[13] BOLÓS, M.V. y GIMÉNEZ M.L., Op cit, p. 14.

[14] CRUZ, Francisca de la. Entrevista personal, 25 de febrero del 2016.

[15] S.A., “Tomelloso pide al Gobierno la desgravación de los vinos”, en La Nación, año VI, número 1.407, 16 de abril de 1930, p. 18.

[16] CRUZ, Francisca de la. Entrevista personal, 25 de febrero del 2016.

[17] CABAÑERO, Eladio, Op cit, p. 11.

[18] CRUZ CEPEDA, Mongelines de la, “Semblanza”, Francisco Carretero (Tomelloso 1879-1962). Exposición antológica, Catálogo de exposición, Tomelloso, 1991, p. 9.

[19] BOLÓS, M.V. y GIMÉNEZ M.L., Op cit, p. 14.

[20] PRODAN, Gianna. Op cit, 1997.

[21] PRODAN, Gianna (coord), Historia del arte en Castilla-La Mancha en el siglo XX, dos volúmenes, Toledo: JCCM, 2002.

[22] BOLÓS, M.V. y GIMÉNEZ M.L., Op cit, p. 14.

[23] CAMÓN AZNAR, José, “El arte español en los XXV años de paz”, XXV años de Arte Español, Catálogo de la exposición, Madrid, 1964.

[24] PUENTE, Joaquín de la, “La autenticidad de Francisco Carretero”, en Artes, Madrid, número 31, 8 de febrero de 1963, p. 14.

[25] VEGA, Leandro de, “A sus 77 años, el manchego Francisco Carretero puede ser considerado como el pintor más joven de España”, en Lanza, 28 de noviembre de 1957, p. 3.

[26] PEDRERO MUÑOZ, Enrique. Op cit, p. 107.

[27] RAMÍREZ MORALES, D.N., “Francisco Carretero, pintor genuino de la Mancha”, en Revista Ateneo, sin fecha.

[28] GARCÍA PAVÓN, Francisco, “Francisco Carretero, pintor manchego”, en Lanza, 3 de enero de 1952, p.3.

[29] GÓMEZ MESAS, Maximino, “Francisco Carretero, pintor de la Mancha”, en Lanza, 23 de agosto de 1962, p. 7.

[30] OLMEDO ÁLVAREZ, Julio, Op cit, p. 10.

[31] CABAÑERO, Eladio, Op cit.

[32] CRUZ CEPEDA, Mongelines de la, Op cit, p. 10.

[33] Ibídem.

[34] PEDRERO MUÑOZ, Enrique. Op cit, p. 107.

[35] VEGA, Leandro de, Op cit, p. 3.

[36] GONZÁLEZ ROPERO, Dionisio, “Francisco Carretero, pintor cosmopolita…”, en Luz de Tomelloso, 15 de mayo de 1960, p. 3.

[37] Ibídem, p. 3.

[38] LAFUENTE FERRARI, Enrique, Homenaje al pintor de la Mancha Francisco Carretero, Catálogo de la exposición, Madrid: Sala “Quixote”, 1963.

[39] CRUZ, Francisca de la. Entrevista personal, 25 de febrero del 2016.

[40] PRODAN, Gianna. Op cit, 1997.

[41] Ibídem.

[42] PRODAN, Gianna (coord), Op cit, 2002.

[43] GONZÁLEZ ROPERO, Dionisio, Op cit, p. 3.

[44] CABAÑAS BRAVO, Miguel, “Leopoldo Panero y las Bienales Hispanoamericanas de Arte”, en Astórica, revista de estudios astorganos, número 31, p. 184.

[45] I Bienal Hispanoamericana de Arte, (Catálogo), Madrid, 1951.

[46] II Bienal Hispanoamericana de Arte. Catálogo general, (Palacio de Bellas Artes), La Habana, 1954.

[47] III Bienal Hispanoamericana de Arte. Catálogo oficial, (Palacio Municipal de Exposiciones, del 24 de septiembre de 1955 al 6 de enero de 1956), Barcelona, 1955.

[48] CABAÑAS BRAVO, Miguel, Op cit, p. 201.

[49] GONZÁLEZ ROPERO, Dionisio, Op cit, p. 3.

[50] SAN MARTÍN, Carlos María, “Hondo sentido e intenso movimiento cultural en Tomelloso”, en Lanza. 22 de diciembre de 1955.

[51] MERLO DELGADO, Antonio, “Un pintor manchego. Francisco Carretero”, en Arcaduz, 1956, p. 29.

[52] ANTEQUERA AZPIRI, Pedro, “El pintor hacendado Francisco Carretero”, en La Nación. Madrid, 1963.

[53] FARALDO, Ramón de, “Declaraciones de Francisco carretero en entrevista al crítico de arte Ramón de Faraldo”, 1953, [no publicado].

[54] RIVERO SERRANO, José, “Carretero: Campo abierto”, en Añil: Cuadernos de Castilla-La Mancha, número 25, 2003, p. 42.

[55] Ibídem, p. 42.

[56] VEGA, Leandro de, Op cit, p. 3.

[57] Ibídem, p. 45.

[58] CORREDOR-MATHEOS, José, Vida y obra de Benjamín Palencia, Madrid: Espasa-Calpe, 1979.

[59] LÓPEZ CAMPUZANO, Julia, “Influencias en la obra pictórica de Benjamín Palencia”, en Al-Basit: Revista de estudios albacetenses, número 8, 1980, pp. 9-20.

[60] PALENCIA, Benjamín, “Mi concepto y experiencia de la pintura”, Discurso del Académico Numerario Excmo. Sr. D. Benjamín Palencia, leído en el acto de su recepción pública el día 2 de junio de 1974, y contestación del Excmo. Sr. D. José Camón Aznar. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 1974.

[61] Ibídem, p. 10.

[62] CORREDOR-MATHEOS, José, Op cit.

[63] Ibídem.

[64] LÓPEZ CAMPUZANO, Julia, Op cit, p. 19.

[65] SAN MARTÍN, Carlos María, Op cit.

[66] LAFUENTE FERRARI, Enrique, “Los pintores del paisaje manchego”, en ABC, 1 de septiembre de 1957,  p. 19.

[67] Prodan, Gianna. Op cit, 1997, p. 420.

[68] Ibídem.

[69] FARALDO, Ramón de, “F. Carretero”, Espectáculo de la pintura española. Madrid, 1953, pp. 86-89.

[70] PUENTE, Joaquín de la, Op cit, p. 15.

[71] MERLO DELGADO, Antonio, Op cit, p. 28.

[72] PEÑALOSA ESTEBAN-INFANTES, Margarita, “La Exposición de Artistas Manchegos”, en Cuadernos de Estudios Manchegos, número VIII, Ciudad Real, 1957, p. 101.

[73] GONZÁLEZ ROPERO, Dionisio, Op cit, p. 3.

[74] ARBOS BALLETE, Santiago, “Exposición homenaje a Francisco Carretero en la Galería Quixote”, en ABC, 31 de enero de 1963, p. 22.

[75] SAN MARTÍN, Carlos María, Op cit.

[76] LÓPEZ MARTÍNEZ, José, “Charla con el pintor Antonio López García, que acaba de conseguir el premio “Naturaleza muerta”, otorgado por la Fundación Rodríguez Acosta”, en Lanza, 31 de julio de 1958, p. 3.

[77] Ibídem, p. 3.

[78] UMBRAL, Francisco, “Tomelloso”, en El País, 18 de abril de 1979.

[79] UMBRAL, Francisco, “Volverás a Tomelloso”, Se llama Tomelloso, Madrid, 1979, p. 10.

[80] Prodan, Gianna. Op cit, 1997. p. 75.

[81] ANTEQUERA AZPIRI, Pedro, op cit.

[82] PALENCIA, Benjamín, “Confidencias”, Benjamín Palencia, Bilbao: Galería Arteta, 1971.

[83] PALENCIA, Benjamín, “Mi concepto y experiencia de la pintura”, Discurso del Académico Numerario Excmo. Sr. D. Benjamín Palencia, leído en el acto de su recepción pública el día 2 de junio de 1974, y contestación del Excmo. Sr. D. José Camón Aznar, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 1974.

[84] PALENCIA, Benjamín. Benjamín Palencia, obra inédita 1925-1975, Galería de exposiciones, Granada: Banco de Granada, 1975.

[85] CORREDOR-MATHEOS, José, Op cit.

[86] GARCÍA-OCHOA, Luis, “Benjamín Palencia. Su entorno y su época”, Discurso del Académico Numerario Excmo. Sr. D. Luis García-Ochoa, leído en el acto de su recepción pública el día 19 de noviembre de 1983, y contestación del Excmo. Sr. D. Enrique Lafuente Ferrari, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 1983.

[87] RIVERO SERRANO, José, El sentido de la mirada. Las artes plásticas en Ciudad Real, 1939-1962, Ciudad Real: Biblioteca de Autores Manchegos, 1998.

[88] CLEMENTE LÓPEZ, Pascual y SANZ GAMO, Rubí (coor.), Benjamín Palencia y la pintura de su tiempo en Albacete (1909-1978), Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”, 2014.

[89] ARBOS BALLETE, Santiago, Op cit, p. 23.

[90] HIERRO, José, “Homenaje a Francisco Carretero”, en Diario El Alcázar, 30 de enero de 1963.

[91] PUENTE, Joaquín de la, Op cit.

[92] GARCÍA PAVÓN, Francisco, “Francisco Carretero en el recuerdo”, publicado en 25 diarios locales y nacionales, 1977.

[93] LAFUENTE FERRARI, Enrique, “La pintura de Don Francisco Carretero”, Exposición de pintura Francisco Carretero, (Gran Casino de Ciudad Real, 14 al 20 de mayo de 1960), Ciudad Real, 1960.

[94] VEGA, Leandro de, Op cit, p. 3.

[95] FARALDO, Ramón de, Op cit (A).

[96] TORRES GRUESO, Juan, “Cuando los hombres no mueren”, en Lanza, 8 de agosto de 1964, p. 5.

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Francisco Carretero: el primer pintor de Tomelloso. by María Martínez Jareño y Ricardo Ortega Olmedo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Acento Cultural, número 25, agosto 2016, ISSN: 2386-7213.

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